RELATO: EL JOVEN ALWIN

Oct
19

RELATO: EL JOVEN ALWIN

El Malabarista de Costanorte

La calle del mercado principal estaba atestada. Olores de toda clase y origen se entremezclaban con la multitud que iba y venía, y ascendían por la calle hacía el cielo nublado, que venía a ser el usual ahora que se acercaba la estación fría. Volando por debajo de las nubes podían verse algunos caballeros a lomos de fieros grifos, algunos patrullando la ciudad desde las alturas para asegurar el orden, otros volviendo de travesías más largas a ciudades lejanas del reino, mensajeros con toda seguridad. Theridas sabría las oscuras nuevas que traerían desde las zonas fronterizas alcanzadas por las sombras. Bajo las alas de las imponentes criaturas y los pies de sus jinetes, la ciudadanía de Costanorte hacía vida normal. Normal dentro de lo excepcional que fuera cada individuo, claro.

Ignatius Alwin estaba de buen humor. Caminaba por la calle del mercado con paso distraído, mirando de aquí para allá sin prestar mucha atención a nada de lo que le rodeaba. Encima de su cómodo atuendo de cuero y tela llevaba una parca de tela recia y oscura, con la capucha bien puesta. Había empezado a hacer frío al fin y al cabo. Y de paso dejaba sus herramientas fuera de la vista de algunos curiosos. Los puestos de mercaderes no captaban su atención. Frutas, carnes en salazón, utensilios de barro y demás bienes se esperaban a que alguien se dejara engatusar por las voces de los ruidosos mercaderes. Desde luego, un panorama aburrido y típico, no merecía una sola mirada de reojo. Era más curiosa sin embargo, la notable presencia de guardias y matones a sueldo en la calle. Cada pocos metros había un par de imponentes soldados dentro de brillantes armaduras con lanzas, haciendo la ronda o escrutando a la multitud, así como tipos grandes y de aspecto amenazador cerca de la mayoría de puestos, obviamente contratados por el dueño del comercio, vigilando que nadie tuviera las manos demasiado largas. La media sonrisa de Ignatius se ensanchó “No es de extrañar que el ambiente esté tan tenso, habida cuenta de lo que pasó en la Avenida de los Metales el otro día”. La última escaramuza de Overlords había barrido a la guardia del turno de noche en la muralla sur, se había colado de forma silenciosa, o todo lo silenciosa que podría ser una incursión por Overlords, y los incursores habían saqueado rápidamente la avenida dónde trabajaban los herreros y se guardaban los raros metales que venía por mar desde ciudades lejanas. Un ataque tan quirúrgico y bien ejecutado debería escapar a las posibilidades de esos sucios brutos, pero claro, todo era posible si tenías un buen amigo en el otro lado… Y si pagabas bien por un poco de información. Además, el oro era oro, tanto si te lo daba un gran señor de ciudad como un caudillo de las montañas, y todo el mundo parecía loco por llenarle los bolsillos al joven Alwin.

Algunos de los matones del mercado reconocían al mercenario, y bajaban la cabeza a modo de saludo cuando la guardia no estaba mirando. El menor de los hermanos Alwin ni se daba cuenta de sus muestras de respeto. Eran demasiado pequeños y aburridos. Sí que se había dado cuenta en cambio de las dos figuras  que le venían siguiendo desde la entrada al mercado. Que fueran pequeños y aburridos no implicaba no estar atento. Las garrapatas eran iguales, pero podían tener su peligro si no te las quitabas de encima bien rápido. “Tengo una reunión con el Señor de la Ciudad a media tarde y tendré que salir de la muralla a hablar con los mercenarios Overlords a la noche para planificar el siguiente saqueo. Mejor me quito de encima a estas garrapatas ahora”. Hizo un giro y se metió por un callejón estrecho.

Se plantó ante el final de la calle. “Hubiera apostado una bolsa bien cargada a que aquí no había una pared”. Suspiró sonoramente y se giro hacia las garrapatas. Un hombre y una mujer, de mediana edad. Se quitó la capucha, dejando caer libre su melena larga y oscura. Sus dos perseguidores hicieron lo mismo.

– Uno de los Alwin, ¿me equivoco?- Preguntó el hombre.

-El pequeño de los tres- Contestó Ignatius, haciendo una exagerada reverencia hacia la mujer. “Guapa, pero debería de cuidarse más el pelo”.- ¿A qué debo el…placer?

-Marius el Mercader nos envía a “tratar” contigo. Tiene algunas…quejas, acerca de la resolución del último acuerdo que tuvisteis. Dice que no es nada que no se pueda perdonar con un par de dedos de menos,  aunque está muy defraudado, no esperaba que se la jugaras de esa manera. Dice que tu apellido no te protegerá.- Sacó un largo machete, de buena manufactura. En las manos de su compañera aparecieron dos pequeñas ballestas de mano. Ambas cargadas con dardos, posiblemente mojados en algún mejunje muy desagradable.

“Ese idiota se ha dejado unas buenas monedas en contratar a estos dos, y tienen pinta de ser de los que cobran por adelantado. Pobre Marius, con este va a ser ya dos negocios malos en una quincena. Luego le haré una visita, a ver si lo animo. Pero primero…”.

-Bueno- Levantó los brazos con agilidad, repentinamente con una daga en cada mano, ambas repujadas y enjoyadas hasta la obscenidad. “Adoro estos chismes, gracias hermano” pensó con una sonrisa que dejaba ver sus blancos dientes.-Yo ofrezco garantía en mis trabajillos, pero solo se la garantizo al que pague mejor. No es mi problema que el otro mercader duplicara la oferta de Marius. Y si me disculpáis, tengo un par de reuniones importantes hoy, así que…

La primera daga se hundió hasta el mango en el brazo derecho de la mujer, que pegó un grito y dejó caer la pequeña ballesta de mano. Con rapidez apuntó con su izquierda hacia donde estaba la cabeza del mercenario, pero llegaba alrededor de un segundo tarde. Un rápido corte desde abajo dejó el brazo izquierdo de la mujer completamente inútil. No haría mucho con los ligamentos bien cortados. Una patada en el pecho la envió a la pared, donde quedó inconsciente por el golpe.”Vas a dormir un buen rato”. Una sombra apareció detrás de Ignatius. El machete bajó a la velocidad del rayo, rozando su melena. “Ah no, el pelo sí que no”. Un rápido juego de manos y varios cuchillos pequeños aparecieron entre sus dedos. Con agilidad felina empezó a dar vueltas alrededor de su adversario, haciendo malabares con los filos mientras repartía cortes rápidos por todo el cuerpo del bruto. Era tan fácil. Los cuchillos volaban por el aire y volvían a su mano, limpios al principio, carmesí a los pocos segundos. EL tamaño y la fuerza del mercenario quedaban completamente anulados a medida que los cortes le quitaban la capacidad de moverse con libertad. Había sido demasiado fácil. Al cabo de un momento el hombre estaba tumbado en el suelo gimiendo, mientras su compañera permanecía recostada contra la pared. “Esto les va a doler durante una temporada”. Pero se recuperarían. Miró al cielo. Oscurecía. “La gente interesante llega tarde a los eventos, pero mejor me doy un poco de prisa por ir a la reunión”. Cogió al hombre por la pechera.

-¿Voy a volver a saber de vosotros?- La daga que le había puesto bajo el ojo era innecesaria, pero la vida sin un poco de dramatismo era muy insulsa.- ¿O vais a decirle a Marius que se meta el contrato que tenéis con él por donde le quepa?

-¿Cómo es posible? Llevo un amuleto de piel acerada. Tus cuchillos deberían haberse partido al intentar cortarme.-Sus estúpidos ojos estaban muy abiertos.

-Ah claro, el buen amuleto de magia pasiva. Bueno, no se dura mucho en este negocio si no llevas algún artículo anti-magia, ¿no? Y sobre Marius…- la daga se acercó peligrosamente al iris del hombre.

-NO. No volveremos. Había oído que los Alwin estabais a otro nivel, pero esto ha sido peor incluso. Vales más de 300 monedas de plata, mucho más.

“¿Plata?¿300? Voy a cortarle tres dedos a Marius por infravalorarme así”. Le propinó un fuerte golpe al matón en la cabeza y lo mandó a echar una cabezadita. “Pasaréis unos días en cama por esto”. Ni siquiera registró a los dos matones, solo los fracasados apuntaban a la plata.

Media hora después salió a la calle en dirección al palacio del Señor de Costanorte. Entraría al palacio por las cocinas, como siempre. Tenía un poco de hambre, y llegar una hora tarde era viable. Sacó su pipa y las hojas de tabaco y comenzó a fumar con tranquilidad. Mientras exhalaba el humo abrió de golpe los ojos.

“La daga enjoyada de Julius, me la he dejado en el brazo de esa mercenaria”. Se llevó una mano a la frente. “Odio empezar los días con pérdidas”. Exhaló todo el humo, suspiró y siguió su camino pipa en mano. “Esta broma va a costarte tres dedos y algo bien brillante Marius. Con los Alwin no se bromea”. Y se perdió entre la multitud.

Bueno WoTers, con esta breve narración damos por presentado a Ignatius Alwin, nueva carta que, como se ha prometido después del Festival de Juegos de Córdoba, mostraremos si las donaciones del Kick Starter alcanzan los 7000 euros esta semana (ya falta poco para llegar) y que, de llegar a esa cifra, pasará a distribuirse con cada recompensa cuando alcancemos el objetivo para estar fundados. ¿Tenéis ganas de conocer la carta y poder jugarla?¿Qué os ha parecido la historia?¿Os gustaría leer más de la historia de Warlords of Terra? ¡Comentadnos lo que pensáis!

Mucha gracias por seguir aportando y respaldando Warlords of Terra, estamos solo a un paso de poder cumplir un sueño y os lo debemos a vosotros.

¡Saludos y que Terra os acoja!